Entonces, te despiertas, prendes la computadora esperando ver qué pendientes laborales hay y llega un zombie gritando.
Huuueeeeeleeeeeeee
¿Qué? ¿Qué chingados, disculpe usted?
Hueeeeeeeleeeeeeee
Ah, sí, voy. ¿Qué es?
Es un pedazo de la camisa en la que estaba embutido un tipo con copete de candidato presidencial que canta «re-bonito» mejor conocido como Morrissey.
Estoy parafraseando, en verdad no me acuerdo como el señor zombie (que era mi hermano, ahora es un muerto viviente) me dijo que oliera la mencionada fuente infecciosa.
Resulta – haciendo la historia corta- que varios amigos míos fueron juntos al concierto de Morrisey, eventualmente el señor aventó su camisa, la gente luchó por ella, se rompió, casi ahorcan a uno de los nuestros y llegaron como 8 a atropellar (como a mufasa, me imagino), golpear, salvar al compañero y arrebatar el corresponidente pedazo de camisa al individuo que decidió ahorcarlo.
Después de semejante y antihigiénico logro, se reparten subpedazos de este pedazo de camisa, todos lo inhalan, lo quieren, lo hacen suyo, y lo guardan por el resto de sus vidas.
….
….
….en sus carteras, claro está. Me reportan que uno de ellos en una zip-loc para que conserve el «si, huele bien rico» (i.e. olor a pulque + ajo + sudor y bacterias de un señor de 55 años).
Aún hoy, a donde voy con cualquiera de ellos y hablamos del tema, insisten en que esa cosa huele bien.
Así que, si saben quienes son ellos, y ven a uno de ellos, eviten el tema o los harán inhalar por la fuerza esta sustancia, la cual, nadie sabe el día ni la hora, pero los va a convertir en seres extraños. La camisa de Morrissey es real, y está allá afuera.
…
¿Continuará?